El viento suena, el se acurruca a un lado de la cama, debajo de las sabanas, muerde su puño para no gritar, pero no puede contenerse, todas aquellas sensaciones lo abruman, los desbordan. El se pone de pie y parte, parte sin rumbo a un lugar sin sentido donde las sombras se fusionan con la luz y las estrellas no miran, si no que reflejan la locura que se apodera de el. Y la rabia, esa emoción tan poco necesaria pero que siempre acuda rauda y veloz como un bálsamo y veneno, la perfecta paradoja de la existencia de un ser que no existe y simplemente se dedica a la recepción de aquello que no todos recepcionan y ser infeliz y provocar dolor.
El se levanta de su cárcel, de aquel rectángulo que lo contenía, y camina firme en su decisión, de exterminar, de erradicar y luego reír como un maniaco porque no tener conciencia es la bendición de aquel que esta aburrido de pensar y sentir, el toma el arma y camina, y sigue caminando, a pies descalzos, camina sobre los vidrios rotos, sobre las mentiras mal disimuladas, sobre los amores imaginarios, sobre los problemas solidos. Su única realidad es aquella que es un falsedad y el lo sabe y por eso acabara con ella.
Su pies sangran y su mano no tirita, lo tiene decidido. No es necesario despedirse de aquellas personas sin rostro, de aquellos payasos de circo tenebroso que cubrieron de desgracias su vida y sin compasión lo golpeaban y humillaban, ya todo se acabo y su ultima comida tenia sabor a pólvora.
El se levanta de su cárcel, de aquel rectángulo que lo contenía, y camina firme en su decisión, de exterminar, de erradicar y luego reír como un maniaco porque no tener conciencia es la bendición de aquel que esta aburrido de pensar y sentir, el toma el arma y camina, y sigue caminando, a pies descalzos, camina sobre los vidrios rotos, sobre las mentiras mal disimuladas, sobre los amores imaginarios, sobre los problemas solidos. Su única realidad es aquella que es un falsedad y el lo sabe y por eso acabara con ella.
Su pies sangran y su mano no tirita, lo tiene decidido. No es necesario despedirse de aquellas personas sin rostro, de aquellos payasos de circo tenebroso que cubrieron de desgracias su vida y sin compasión lo golpeaban y humillaban, ya todo se acabo y su ultima comida tenia sabor a pólvora.

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