Había que ganar su confianza, para ello se tendría que hacer algunos sacrificios. Contemplo la espalda del señor oscuro, su capa negra y su figura imponente. Los consejeros marchan a la sala de reunión, se que hay dos traidores ahí al igual que mi señor, me acerco a el y le digo: "yo me encargo de los traidores señor", el asiente y yo espero. La puerta se vuelve abrir y salen, les detengo el paso y los miro, les reto a duelo, sacan sus armas y yo la mía, que por patética que parezca es solo un lápiz. Comienza la batalla, esquivo un ataque de mi adversario, mientras embullo de poder mágico mi lápiz, parar asestarle un golpe en el cuello, queda agonizante, a mi otro oponente le atravieso el corazón.
Todo se vuelvo confuso después de eso.

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