Los recuerdos golpean mi corazón, la nostalgia apuñala mi vientre. No me arrepiento, no quiero arrepentirme, no quiero lamentar, sólo quiero aceptar que paso y darle la cara como hombre, asumir mis actos, asumir mi debilidad, asumir mi incompetencia, levantarme (mierda de nuevo la misma piedra) sacudir la tierra de mis ropas, reflexionar, erguir la cabeza y caminar (necesito vigilar mis huellas, no vaya viajar en círculos otra vez).
Me gustaría poder sacar esto de dentro, pero no puedo, por alguna razón las lágrimas no corren cuando se descarga en mi toda la tristeza (y es una impotencia querer llorar y no poder), y a mi viene de nuevo esa sutil energía, esa linda esperanza, la inevitable fuerza que alimenta la llama de mi corazón (esa llama que un amigo dijo que era imperecedera)... Mis sueños.

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