
"Caminaba solo en un bosque frío, el viento gélido acariciaba mi rostro, un vaho sutil salía de mi boca entreabierta, respiraba con dificultad, iba sin rumbo, errante, acaso ¿tenia donde ir?, entré en un río de aguas frías como el mismo séptimo circulo del infierno, que congelaban mi sangre, ya no diferenciaba si el frío estaba me rodeaba o salía de mi, estoy perdido y solo en un bosque gris, el cielo refleja mi estado anímico, con un blanco sacro, que amenazaba con una lluvia digna del diluvio universal. En mi interior ya no distinguía calor alguno, el agua de aquel río helado me cubrían, me ahogaban y recién en ese momento en que mi muerte parecía tan próxima pude darme cuenta que me ahogaba dentro de mi propia agonía y dolor, y me encontraba solo en mi habitación, sentado al borde de mi cama con un cuchillo ensangrentado en mi mano derecha y el cuerpo inerte de quien mas amo frente a mi, no la pude salvar"

1 comentario:
A veces, nosotros mismos, somos los asesinos de las cosas que más amamos. Espero este no sea tu caso; Juan Pablo Castel no es un buen referente, por muy genial que parezca.
Saludos. Au revoir.-
Publicar un comentario